#Exclusiva El líder del Sindicato de Trabajadores de la Educación en Guatemala (STEG) JOVIEL ACEVEDO nos habla de los ataques en su contra y del supuesto aumento salarial del 5%, equivalente a Q220.00 para los maestros, por parte del presidente
ÚLTIMA HORA | Alerta total en China: EEUU duplica la presencia de aviones furtivos cerca de ellos Estados Unidos ha enviado un segundo grupo de aviones de combate furtivos a la zona de la cadena en Japón, reforzando su poder aéreo en el disputado océano Pacífico occidental. La Fuerza Aérea de EEUU, a través de la base aérea de Cadena, ha confirmado la llegada de varios aviones F-35 asignados al escuadrón de cazas expedicionarios 421, conocido como «Viudas Negras». Esta unidad ha reemplazado al escuadrón 355, que previamente se había desplegado en la misma base. #ultimahora #f35 #eeuu #china #japon #fuerzaaerea #pacifico #xijinping #cadena #ejercito #despliegue #cazas #armas #seguridad #negociostv
Por Edgar Pálala / Redacción
La diputada Sonia Gutiérrez Raguay , representante del partido político Winaq y defensora de los derechos humanos, ha sido una figura activa en el Congreso de la República de Guatemala desde enero de 2020. Como abogada, notaria y activista indígena maya poqomam, ha destacado por su compromiso con las comunidades y su lucha por la justicia social.
. En relación con su postura sobre la agenda del día en el Congreso, Gutiérrez Raguay ha expresado su desacuerdo con ciertas propuestas, como la reducción de salarios de los diputados y la necesidad de remover a la Fiscal General del Ministerio Público. Según su perspectiva, estas iniciativas podrían estar motivadas por intereses políticos que desvían la atención de los problemas estructurales que enfrenta el país. Además, ha señalado que las decisiones legislativas deben priorizar el bienestar de la población y no responder a agendas particulares que perpetúan desigualdades.La diputada también ha confrontado a otros legisladores, cuestionando los verdaderos motivos detrás de estas propuestas. Su enfoque crítico refleja su compromiso con una política distinta, basada en la transparencia y la defensa de los derechos de las comunidades más vulnerables.
.Gutiérrez Raguay ha sido una voz importante en el Congreso, promoviendo iniciativas que buscan fortalecer los derechos humanos y la equidad en Guatemala. Su liderazgo como Secretaria General del partido Winaq desde 2017 refuerza su papel como una de las principales figuras políticas en el país.

POR / Richie González / Republica gt
A casi dos años del terremoto político provocado por Bernardo Arévalo y el Movimiento Semilla, la promesa de una “primavera democrática” en Guatemala parece marchitarse con rapidez.
La inesperada irrupción de Arévalo en la segunda vuelta de las elecciones generales de 2023 —que culminó con su victoria y un sólido desempeño legislativo de su partido— generó una ola de entusiasmo y esperanza, especialmente tras una transición marcada por los intentos del Ministerio Público (MP) de deslegitimar los resultados.
Sin embargo, a más de un año de haber asumido el poder, el júbilo se ha desvanecido, y las promesas de una verdadera renovación política parecen cada vez más lejanas.
Panorama general. Arévalo, en lo personal, aún goza de relativa confianza entre algunos líderes empresariales, académicos y formadores de opinión, quienes destacan su integridad y la incorporación de algunos perfiles tecnocráticos en su gobierno—un marcado contraste con administraciones anteriores—. Sin embargo, la falta de resultados concretos comienza a generar frustración tanto en las élites como en la población en general.
El nivel de aprobación de Arévalo se ha reducido casi a la mitad desde que asumió el cargo, en medio de una percepción cada vez más extendida de un liderazgo “tibio”, o más bien, de una preocupante ausencia de liderazgo.
Otro ejemplo de ello son las declaraciones de Juan Pablo Ajpacajá, dirigente de los 48 Cantones de Totonicapán, organización indígena que respaldó a Arévalo y lideró las manifestaciones en defensa de su investidura en 2023: “Honestamente, la nueva primavera no existe”.
Entre líneas. Los desafíos del país son bien conocidos. La mayoría —o al menos los más urgentes— provienen de décadas de abandono institucional por parte de autoridades ampliamente percibidas como corruptas e incompetentes.
La expresión más visible de esa crisis es la pobreza: el índice en Guatemala alcanza el 54.8 %, más del doble del promedio regional de Latinoamérica y el Caribe (24.7 %).
Esto contrasta con los datos macroeconómicos del país, que muestran un crecimiento lento pero sostenido y una política fiscal sólida, resaltando a nivel regional. Muestra de ello es que, en su revisión más reciente de proyecciones para 2025, el Fondo Monetario Internacional recortó las estimaciones para el hemisferio occidental, pero mantuvo a Guatemala con una previsión de crecimiento del 4.1 %.
Pese a ese potencial, persisten profundas brechas estructurales que limitan la creación de riqueza en los sectores más marginados. Un ejemplo claro es la inversión pública en infraestructura —puertos, carreteras y conectividad—, donde el gobierno de Arévalo ha sido notoriamente incapaz.
En conclusión. Hasta sus críticos más duros y honestos reconocen que Arévalo no puede resolver los problemas del país por arte de magia. Sin embargo, necesita mostrar mayor firmeza y liderazgo para impulsar acciones concretas y reformas puntuales que generen un impacto real.
El conflicto permanente con el MP ha resultado especialmente perjudicial: no solo no ha producido ninguna victoria significativa, sino que ha consumido gran parte de la atención institucional en lo que se percibe como un teatro político repetitivo y sin salida, mientras los problemas estructurales del país siguen acumulándose.
Con las elecciones generales de 2027, ya en el horizonte, el riesgo es evidente: que la frustración allane el camino para una imitación barata de Nayib Bukele; es decir, un oportunista sin sustancia ni capacidad que capitalice el desencanto popular para sus fines particulares.
El caso de Arévalo revela una verdad implacable: ser una “buena persona” no es suficiente. Las buenas intenciones no logran nada por sí solas, y mucho menos pueden gobernar.